San Anselmo de Canterbury

Biografía

San Anselmo de Canterbury fue un famoso teólogo y doctor eclesiástico de la Iglesia Católica. Fue abad de un monasterio en Santa María de Bec (Francia). 

Ingresó en el monasterio en 1060. Convirtiéndose en arzobispo de Canterbury en 1093. 

Uno de sus muchos intentos como obispo fue sustraer la influencia regía en las elecciones episcopales. Preservando así la independencia de la Iglesia. Esta acción le costó dos destierro. 

Aportaciones generales de San Anselmo

San Anselmo de Canterbury fue uno de los altos cargos de la Iglesia. Cumpliendo la función de prelado, y siendo uno de los más cultos de su tiempo. Para él, la especulación filosófica era una consecuencia de la fe. Existía la necesidad de creer en algo para luego acabar comprendiendo aquello en lo que se había creído (por ejemplo la fe en Dios).

No se debía anteponer la razón a la fe. Sin embargo no utilizar el uso de la razón era negligencia. 

Para explicar la realidad utilizó la teoría universal de Platón. De este realismo platónico viene el mensaje que explica en su obra “Proslogium”. Obra en la que tenemos idea de la existencia de un ser perfecto. Entre uno de sus muchos atributos, uno que hace ser perfecto a un ser es la existencia. Por lo tanto en caso de que este ser carezca de existencia, carece de perfección. Es por ello que el ser perfecto existe. 

El argumento utilizado por San Anselmo se basa en establecer una correlación entre ideas y realidad. Es por toda esta argumentación que fue bienvenido por filósofos como René Descartes y Gottrifried Wilhelm.

Aún así esta argumentación no le evitó el rechazo de filósofos como Kant. Ya que el hecho de creer que algo existe no explica su existencia. Sobretodo esto sucede al ocurrir en la mente de una persona, no en la realidad.

Algunas de sus obras destacables son “Cur Deus homo”, obra que explica la bonita doctrina de la redención a Dios. Es destacado por ser el fundador e impulsor de la teología escolástica. 

El argumento ontológico de Anselmo de Canterbury

La vida de Canterbury fue dedicada a la demostración irrefutable de la existencia de Dios.

En su obra “Proslogium” dejó su famoso argumento, conocido como el argumento ontológico, en el que decía que:

Si nos ponemos a pensar en la cosa más grande, es decir lo más perfecto que pudiera pensarse, nos viene a la cabeza Dios. Siendo este el máximo representante de la perfección.

Por otro lado, debido a esto anterior Dios debe existir en la mente ya que se puede pensar en él, y si pudiese además existir fuera de la mente sería aún más grandioso.

Según él si tenemos dos objetos, uno que existe y otro que no, es supuestamente lógico suponer que el que existe es más perfecto que el que no. 

La existencia la atribuimos a la perfección. Aún así, si analizamos la afirmación parece gratuita y da a pensar que la perfección es ambigua si consideramos a los griegos como perfectos por estar acabados y no carecer de nada o que no pueden sufrir más actualizaciones. Con esto algo que no existe es perfecto e incluso mas que lo existente.

Junto a esto según Anselmo, si Dios sólo existiera en la mente, daría lugar a pensar en la existencia de otro ser superior a Dios que si existiese. Pero sabemos que es lo máximo pensable, lo más perfecto y por ello tiene que existir en la realidad ya que si no, no sería concebido por el pensamiento.

“Como soy un glotón, para mí, en este instante del presente, lo máximamente deseable es tener delante de mí un exquisito chuletón de Ávila.”

Con esto la existencia parece atributo de deseo, pero es absurdo desear cosas que no existen.

Por otro lado, el chuletón debe estar obligatoriamente delante mía ya que si no se contradiría el primer punto dentro de su argumento ontológico.

Como conclusión este argumento ontológico confunde el plano mental con el real. La necesidad lógica de algo sólo implica la deducción a partir de las premisas, nunca la existencia de algo en la realidad, y lo que en verdad es discutible son siempre las premisas.

Con esto, este argumento quedó no como una demostración indestructible sino como un refuerzo para la fe hacia Dios.

Para un creyente esto puede servir como ayuda, mientras que para un ateo esto es simplemente un juego intelectual que no le servirá para nada.

Reflexiones sobre el lenguaje

Las reflexiones del lenguaje que realiza Anselmo son debidas a la distinción de Aristóteles. De esta manera se pueden ver en su pensamiento dos formas diferentes de lenguaje. 

Por una parte, el lenguaje interior que es el que la mente usa para reflexionar, y por otro lado nos encontramos, el término que es el signo del lenguaje que el ser humano utiliza para comunicarse y expresarse, haciendo utilidad del primer tipo de lenguaje. Por tanto, tenemos una acepción material y otra formal.

Sin embargo, la acepción formal figura la palabra como tal y no a lo que se refiere. Estos conceptos a los que se refirió Anselmo, pueden ser los sinónimos actuales de lenguaje y meta lenguaje, a los que les llamaba significatio y apellatio.

Anselmo hace un estudio sobre el simbolismo de una obra de la que solo se conserva una recopilación de los discípulos, por este motivo no es claro distinguir entre lo que dijo Anselmo en realidad y las reflexiones que hicieron sus seguidores. 

 

San Anselmo de Canterbury

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