Miguel Hernández: vida y obra

Hoy vamos a tratar sobre Miguel Hernández: vida y obra. Miguel Hernández  fue un poeta y dramaturgo de gran importancia en la literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encasillado en la generación del 36, Miguel Hernández se asemejaba más con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como un genial seguidor de la Generación del 27.

En cuanto a su obra la podemos agrupar en tres partes; la primera es su poesia , la  segunda son sus obras teatrales y las últimas son sus antologías.

 Su poesía a su vez se divide en tres temas principales ; la vida, el amor y la muerte.

Miguel Hernández: vida y obra

El dualismo vida / muerte, podemos ver en las octavas «Toro» y «Torero», en el que el toro es sacrificio, muerte y figura del amante, mientras que el torero es vida y gloria.

Encontramos símbolos que se repetirán más tarde, adquiriendo nuevos matices, como la Luna, el símbolo central de la obra, cuya forma circular simbolizará la perfección, o el higo y los higos, que se refieren a los genitales masculinos, o los higos abiertos y la fecha hueso para el sexo femenino.

En su próximo libro, «El rayo que no se detiene», revela la herida interna del poeta, encarnada en el «rayo» y el «cuchillo», que tiñen los temas del amor y la vida con sangre. El amor aparece como la causa del dolor, porque el amado es difícil de alcanzar. El poeta se somete a su voluntad, simbolizado en el barro, que a la vez es la unión con el amado.

El amor es creación, al mismo tiempo es un destino ciegamente fatal y aniquilador. Miguel usará elementos opuestos en sus versos (oxímoron): «Dulce amargura», «tormento gozoso».

Los poemas de este libro están dedicados a tres mujeres: Josefina, la novia, en tres poemas en los que se refleja la modestia femenina, fruto del medio rural de Orihuela; María Cegarra, la poetisa de la Unión, a quien dedica ocho sonetos, y finalmente, el resto están dedicados a la pintora Maruja Mallo, a excepción de la elegía de Ramón Sijé, su amigo.

En estos poemas se refleja el desprecio del amado, el rayo eterno, la imposibilidad amorosa simbolizada en el toro, y el sometimiento simbolizado en el barro (Mi nombre es barro aunque Miguel me llame). Una constelación de símbolos agudos y dolorosos como la espada, el cuchillo, el rayo, los cuernos, el hierro infernal y los cuernos se unen.

El amor aparece en su dicotomía con la muerte, una muerte literaria, excepto la de Ramón Sijé, quien con su elegía rompe la unidad temática, donde está presente la amistad amorosa.

La muerte se refleja en metáforas tales como: «golpe duro», «golpe frío».

En este momento de tu vida, vivir es amar, doler y morir.

La vida y la muerte los conciben como parte del ciclo de vida de la naturaleza. Los restos, después de la muerte, darán vida a otros seres.

Más tarde, durante la República y el estallido de la Guerra Civil de 1936, aparece «Viento del pueblo». Los sujetos aparecen cargados de ideología, exaltación heroica y sarcasmo en muchos casos.

El tema del amor se fusiona con la poesía de combate, como en «Song of the Soldier Husband».

El amor se convierte en una canción; el amado, esposa; el poeta, soldado; y el hijo que esperan «símbolo de la victoria de la República». La muerte ahora es parte de la lucha y la vida, y también el amor por las personas oprimidas. La muerte aparece aquí para ser elegida por los héroes del pueblo.

Hay un cambio del «yo» del poeta a «los otros». Por lo tanto, «viento» es la voz de la gente.

La poesía se usa como arma de lucha.

En 1937 aparece su segundo libro de guerra: «El hombre acecha», en él, el lenguaje se vuelve más sobrio, y el tono más íntimo. «El hombre acecha» recuerda la máxima latina «Homo Homini Lupus» (el hombre es un lobo para el hombre).

El hombre aparece como una bestia, el resultado de la guerra y el odio. En consecuencia, colmillos y garras aparecen como símbolos.

El pesimismo y el desaliento son evidentes, porque los poemas están llenos de dolor. La derrota de la guerra está a las puertas. (el tren).

El amor del país se manifiesta en la «Madre España», a la que el poeta se siente unido y de cuyo vientre nació. La Madre Tierra y España son una sola cosa.

En 1939, al salir de prisión y antes de ser arrestado nuevamente en Orihuela, Miguel Hernández le entregó a su esposa un cuaderno manuscrito: «Cancionero y romanro de Ausencias», con el que alcanza su madurez poética. En este libro, el primer hijo muerto y el nacimiento de su segundo hijo son protagonistas, a quienes dedicará uno de los más bellos poemas de amor de los padres a su hijo, en la canción de cuna «Las nanas de las cebollas».

El amado es ahora esposa y madre, y de ahí el símbolo del útero que se concibe como el centro del universo. El amor sobrevive y te hace sentir bien y libre.

    

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