Tántalo, rey de Lidia

Tántalo

Tántalo fue un dios de la mitología griega. Procedente de la relación entre el dios Zeus y la oceánide Pluto. Tántalo fue rey de su propio reino, Lidia, en Asia Menor.

Es conocido por ser el mortal más honrado por los dioses, por su íntima amistad, aún que luego estos cambiaran de opinión.

Este dios, se convirtió en habitante de Tártaro, conocida como la parte más profunda del inframundo, reservada al castigo de los malvados, por su mal comportamiento durante su vida mortal.

Fue padre de Pélope, Níobe y Broteas, con la pléyade Dione.

Tántalo, el rey de Lidia

 

Su Historia

Tántalo fue invitado por Zeus a la mesa de los dioses en el Olimpo, por su gran amistad. Sin embargo, Tántalo, en lugar de corresponder a la confianza dada, fue a fardar entre los mortales de su experiencia. Les contó todos los secretos hablados durante la cena. Además, también se dedicaba a robar el néctar y ambrosía para repartirlos entre sus amigos. Esta fue la primera traición de Tántalo hacia los dioses.

Un día, casualmente estaban los dioses de viaje por Asia Menor y decidieron pasarse por el palacio de su más querido mortal. Este les recibió con mucho gusto y les ofreció un gran banquete. Cuando la comida empezó a escasear, Tántalo decidió ofrecer a su hijo Pélope. Lo descuartizó, coció sus miembros y se los sirvió a los invitados. Todos evitaron tocar la ofrenda, excepto Demeter, quien por la reciente pérdida de su hija Perséfone no se dió cuenta de lo que comía.

Para los dioses, esta fue la segunda traición. Zeus ordenó a Hermes que reconstruyera el cuerpo de su nieto, sustituyendo el hombro comido por Demeter por uno hecho con marfil de delfín. Así le devolvieron la vida al chico, y además le entregaron nuevas cualidades.

La paciencia de los dioses se acabó con la tercera traición. En esta, Tántalo resultó haber ocultado el mástil de oro de Zeus que había sido robado por Pandareo. Zeus, enfadado, aplastó a Tántalo con una roca y arruinó su reino.

 

Su Fin

Tras su muerte, Tántalo fue torturado eternamente en el Tártaro por todos los crímenes realizados durante su vida mortal. Su castigo consistió en estar en un lago con el agua a la altura de la barbilla, bajo un árbol con ramas repletas de frutos. De esta forma, cada vez que el mortal deseara comer o beber, todos los recursos se retirarían inmediatamente de él.

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