San Agustín de Hipona

Biografía

San Agustín Hipona nació en el norte de África (Tagaste). Su padre era un funcionario pagano del Imperio romano y su madre que se convirtió en santa, lo educó en la fe cristiana. Según el mismo cuenta en sus Confesiones él era soberbio pero excepcionalmente dotado.

Tardó en aplicarse en sus estudios porque lo que él quería era tener más conocimientos. Estudió artes liberales y más tarde retórica.

Con la lectura del libro de Cicerón, despertó su curiosidad y se dedicó al estudio íntegro de la filosofía. Pasó de una escuela filosófica a otra buscando una respuesta a la verdad. Más tarde se decantó por el maniqueísmo la cual defendió varios años hasta su abandono al pensar que era una filosofía simplista.

Con el paso de los años se trasladó a Milán donde asistió como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ambrosio. Fue entonces cuando rompió con el maniqueísmo. Con la llegada de su madre a Italia se bautizó por lo que se convirtió de completo al cristianismo.

Tras el fallecimiento de su madre volvió a Tagaste donde se convirtió en sacerdote y más tarde llegó a ser obispo.

Murió en Hipona.

La leyenda del niño del mar

San Agustín de Hipona es conocido por la leyenda del niño del mar. Esta leyenda es considerada en muchas ocasiones como verdadera. Sin embargo, no tiene fundamento histórico, pero al menos sirvió a Agustín como estudio del misterio de Dios.

Un día este teólogo, paseaba por la orilla de la playa mientras reflexionaba sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Su objetivo era entender cómo podían existir tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, en un único Dios. Hacía uso de su mente analítica, indagando en su pensamiento. Cuando de repente se topó con un niño pequeño, que había excavado un hoyo en la arena. El niño intentaba llenarlo con agua. Corría hacia el mar, cogía  un poco de agua en una concha, y volvía corriendo para echarlo en el hoyo cavado por él. Esto lo repetía una y otra vez.

La acción del niño llamó la atención del Santo, que curioso se dirigió a él:

  • Intento meter todo el agua del océano en este hoyo – dijo el niño.
  • Pero, eso es imposible, ¿cómo piensas meter todo el agua del océano, que es tan inmenso, en un hoyo tan pequeño.
  • Al igual que tu, que pretendes comprender con tu mente finita el misterio de Dios, que es infinito.

En el mismo instante que dio la respuesta, el niño desapareció.

 

San Agustín y la ética

La ética agustiniana aceptará elementos procedentes del Platonismo y del estoicismo, como la conquista de la finalidad como objetivo de La conducta humana, inalcanzable en esta vida pero no en la otra, dado el Carácter trascendente de la naturaleza humana. Sigue asociando la idea del Bien Con la de Dios pero considera que la felicidad es la visión beatífica de Dios, Gozada por los bienaventurados tras la práctica de la virtud, siendo también Necesaria la gracia de Dios para alcanzar tal objetivo.

Sin embargo, se aleja del platonismo y del maniqueísmo en el Problema del mal en el mundo: todo lo creado es bueno, hay diferentes grados de Perfección hasta llegar a Dios. El mal no puede existir, pues sería obra de Dios, y esto es imposible porque es absolutamente bueno.

Respecto a la libertad, San Agustín responde que la Existencia de la libre voluntad figura entre las evidencias de la conciencia Que nadie puede negar, siendo el libre albedrío la capacidad de elegir Independientemente de los motivos. Aun así, es la única causa del mal: en la Libre opción admite la llamada de Dios o deniega la respuesta que él demanda de Ella.

Además, el hombre necesita la ayuda de Dios, porque nos ama, Para elegir la opción correcta y no optar por el amor propio, y con ello, Contra Dios. Así, para hacer el bien se requieren dos condiciones: un don de Dios, consistente en la gracia, y el libre albedrío, y el hombre que se Encuentra dominado más plenamente por la gracia de Dios es, pues, el más libre.

Con esta explicación, San Agustín  satisface cuestiones tales como la oposición De los pelagianos, la libertad del hombre, el dogma del pecado original y la Confianza en que solo la gracia puede salvar a cada hombre, conducíéndolo al Bien y procediendo de la libre determinación de Dios, no como la iluminación, Que le es dada a cada hombre.

San Agustín

San Agustín y la política

San Agustín de Hipona plasma sus pensamientos en La Ciudad de Dios. Es una obra escrita gracias a la desmembración del Imperio de Roma y la inculpación de los paganos a los cristianos y justificaron que eso había ocurrido por el abandono de los dioses considerados tradicionales. En esta obra intenta concebir la historia para ciertos hechos iniciando con la Concepción de la Historia como fruto de la lucha entre dos núcleos urbanos: el de Dios (creyentes) y la terrenal (no creyentes). Esa disputa seguirá hasta que la metrópoli de Dios ganó priorizando la Iglesia sobre los poderes políticos. También expresa que el poder de los gobernantes deriva de Dios.

La metrópoli de Dios empieza creando Los Ángeles y logra su máxima expresión en la Iglesia de Cristo donde él es su fundador y el rey.

El núcleo urbano terrestre nació posterior a la caída del primer hombre. La forma el conjunto de comunidades formadas por los humanos que suceden con la finalidad de alcanzar la felicidad.

En ese instante, las ciudades se encuentran mezcladas. Cuando llegue la hora del Juicio Final se separarán.

San Agustín deja dudas sin resolver , esta dificultad quiere mezclar Platón con la fe cristiana. Posteriormente, llegará Aristóteles que revolucionará el mundo occidental.

 

 

San Agustín y la ciencia

Según el científico Roger Penrose, san Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, adelantándose a Albert Einstein cuando Agustín afirma que el universo no nació en el tiempo, sino con el tiempo, que el tiempo y el universo surgieron a la vez.​

Agustín que tuvo contacto con el evolucionismo de Anaximandro, sugirió en su obra La ciudad de Dios.

Antropología y psicología

El ser humano esta formado de cuerpo y alma. Damos por supuesto que la realidad más importante es el alma, tomando el cuerpo como un mero instrumento del alma. El alma es una sustancia espiritual y, tal como nos la presenta Platón ,simple e indivisible. Además le corresponden también las de la memoria y la voluntad.

El alma es inmortal, pero no es eterna. Los argumentos para defender la inmortalidad proceden de Platón: ya que el alma es de naturaleza simple y no puede descomponerse por lo que es inmortal. San Agustín explica su origen  entre dos posiciones: el creacionismo y el generacionismo. La primera: Dios crearía el alma con cada nuevo nacimiento de un ser humano. Según la otra, el alma se transmitiría de padres a hijos.

 

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