‘La vagina mecánica de Dios’, de Daniel Polunin es una obra rompedora de poesía, relatos y dramaturgia

/COMUNICAE/

El escritor malagueño transgrede y le da una nueva forma a la literatura en su primera obra publicada

Existen pocos escritores que quieran (y sepan) atreverse a romper las cadenas establecidas en el arte, a derribar los muros que existen más allá de un lenguaje somero.

Daniel Polunin, en La vagina mecánica de Dios (Editorial Tregolam), escribe sobre la adolescencia, el alcohol, la violencia, la sexualidad, la indecencia,  a través de diferentes textos que hacen referencia a la religión, a la modernidad, al caos del universo y a la condición de vacuidad que brota a veces en la existencia.

«No hay límites. No hay normas. No hay leyes. Nada queda establecido. El arte es la búsqueda incesante de la otra cara que devuelve el espejo».

Para adentrarse en la literatura de Daniel Polunin, es necesario destapar prejuicios y ser conscientes de que la expresión en el mundo de las letras no pretende sino generar una libertad en el lector provocando en él sensaciones que lo remuevan de alguna manera. Porque la finalidad del arte es precisamente esa. Y Daniel Polunin lo consigue a través de su poesía, de sus relatos y de sus textos dramatúrgicos.

«Mi intención no es más que la de escandalizar al lector. Como dijo Pasolini: “Escandalizar es un derecho, ser escandalizado un placer”».

El joven escritor malagueño lanza un chispazo a través de sus letras para que el lector lo recoja y vierte sombras degradadas que se vuelven más oscuras por momentos, pero también arroja luz sobre la transformación a través de su libro.

La vagina mecánica de Dios es instintivo, espontáneo, visceral, que no obedece a nada más que lo que el propio autor siente desde la profundidad de sus experiencias vitales.

Influenciado por la generación Beat, en particular por Jack Kerouac, La vagina mecánica de Dios también responde a una oposición de las reglas tradicionales y encuentra en la expresión escrita auxilio y desahogo. Una manera de liberar el alma mediante la despreocupación y la independencia literaria.

«Aún recuerdo cuando tuve por vez primera su obra maestra en mis manos, En el camino. Entré a una librería con las manos vacías y salí escopetado con el corazón a flor de piel. Me encerré durante algunos días en mi cuarto. Quedé maravillado. Petrificado. Jamás había leído algo parecido».

Daniel Polunin no quiere quedarse encerrado, no quiere someterse ni ofrecer sumisión, sino que recurre a un lenguaje lleno de simbolismo, pero también directo para que el lector contemple y abandone la prisión de las normas clásicas.

No solo la estructura interna tiene relevancia, sino que la estructura externa también procura una estética que se unifica con el texto. Existen caligramas, textos que se estrechan, otros que se vuelven cruces, porque las palabras también tiene su propia forma, porque la literatura siempre tiene una intención detrás.

Dejarse llevar por esta primera obra del autor malagueño es ser consciente de que la representación de los sentimientos nunca ha de llevar grilletes.

Fuente Comunicae

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