La Ética de Aristóteles

1. Ética 

La ética de Aristóteles son, para este, ciencias prácticas, saberes que investigan el modo recto de comportarse los agen­tes humanos capaces de decidir libremente sobre sí mismos.

Esta capacidad de decisión libre no debe darse por suministrada por la na­turaleza, puesto que el hombre natural está sometido a las necesidades de subsistencia y reproducción, y en ese ámbito carece de poder de decisión (no puede decidir no ser productivo, pues en tal caso no subsistiría).

 

El orden en el que se resuelven esas necesidades primarias es el de lo que Aristóteles denomina el «hogar» (oikos), el ámbito de lo «económi­co». Pero Aristóteles destaca como la invención que más beneficiosa es para la especie la de quienes crearon la polis. Justamente comienza allí donde los hombres ya tienen suficiente para sobrevivir, no tie­nen que vivir sometidos a la necesidad natural. Y pueden empezar, por tanto, a tomar decisiones y decidir libremente sobre el género de vida que quieren llevar y vivir.

Este umbral, que ya no es el de la supervivencia sino el de la «buena vida» muestra lo que Aristóteles entiende por política, un saber al que reconoce la absoluta primacía entre las ciencias prácticas.

Todo arte y toda investigación e, igualmente, toda acción y toda elección libre parecen tender a algún bien. Si, por tanto, de las cosas que hacemos hay algún fin que queramos por sí mismo, y las demás cosas por causa de él, es evidente que este fin será lo bueno y lo mejor. Si es así, debemos inten­tar determinar, al menos esquemáticamente, cuál es este bien y a cuál de las ciencias o facultades pertenece. Parecería que ha de ser la suprema y directiva en grado sumo. Esta es, manifiestamente, la política.

2. Política

En las páginas iniciales de la Política, Aristóteles muestra el sentido en el que la ciudad, a pesar de situarse más tarde que otras formas de convivir, como la tribu o la familia, se trata, sin embargo, de una idea mejor que ellas y más esencial en jerarquía ya que ella potencia al hombre en cuanto tal.

Puesto que vemos que toda ciudad es una cierta comunidad y que toda comunidad está constituida con miras a algún bien, es evidente que todas tienden a un cierto bien. Pero sobre todo tiende al supremo la superior entre todas y la que incluye a todas las demás. Esta es la llamada ciudad y comunidad cívica.

El ejemplo que presenta Aristóteles de ello es la importante distinción entre los humanos y los animales refiriéndose a sus expresiones:

1)  Los animales poseen voz; refiriéndose a que pueden comunicar sus sentimientos de pena y gozo. Porque aparte del alma vegetativa, común de las plantas, poseen un alma sensitiva.

2)  Pero solo los humanos gozamos de palabra logos para debatir. Es decir ,solamente los humanos dan al sentido a adjetivos como “bueno”. Por ejemplo al hablar sobre una persona “buena”, que conlleva una interpretación moral y política.

El hombre es el único animal que tiene palabra. Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales. Porque su natu­raleza alcanza a tener sensación de dolor y de placer y a indicarlo los unos a los otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, sólo él, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injus­to, y de los demás valores.

La Ética de Aristóteles

3. La virtud

Cuando Aristóteles se dispone a definir la virtud, hace alusión al género dentro de las cuáles se halla la virtud. Se define pues la virtud como una afección del alma. En otras palabras se engloba dentro del tipo de cosas que suceden en el alma. Dentro de ésta encontramos tres tipos distintos: las facultades,las pasiones y los hábitos.

Facultad: no sería correcto llamar a la virtud , una facultad, ya que a nadie se le conoce por malo o bueno por poseer una facultad o no tenerla.

Pasión: También sería incorrecto considerar a la virtud una pasión, nadie posee virtud ni vicio por sentir ciertas y determinadas pasiones.

Hábito: Como no es ninguna de las anteriores sólo puede ser un hábito. Diferenciándose de los dioses, los hombres no tienen la capacidad de ser siempre y para siempre buenos. La maldad y la bondad se alterna entre los mortales continuamente, y es por ello que la virtud sólo puede aparecer convirtiéndose en un hábito.

Es por esto que Aristóteles define la virtud como el hábito de elegir el término medio conjuntamente con la razón. Es por eso que no es bueno quien hace algo o deja de hacerlo si no quien sabe cuando hacerlo, con quien y en que medida, aplicable a todas las afecciones.

Como es normal, esto puede dejar insatisfecho pues surge la pregunta sobre cuál es el término medio según la razón. Esto en el contexto aristotélico no supone problema alguno pues se da en las plazas públicas, las cuales son espacio político de raciocinio medidos por el lenguaje y siempre sumisas al veredicto del logos.

El término de ser bueno no se utilizaba en la Grecia antigua en el sentido puramente ético, si no que se centra más en la cualidad o perfección para cumplir una función correctamente.

3. La felicidad

Como se ha indicado anteriormente que lo propio del hombre, lo que es ex­clusivo de él , según Aristóteles , la actividad teórica o el conocimiento intelectual ,según   el ejercicio del pensamiento (en el cual el sentido de que la teoría es en sí una modalidad de la práctica , siendo un género de vida elegido o elegible).

Aristóteles se interesa sobre todo en las virtudes , especialmente de la «parte racional» del alma y en especial en las virtudes intelectuales. Estas apuntan a la verdad y que se pueden adquirir por instrucción. Aristóteles concede una importancia  a la superioridad de la vida teórica, sin embargo no nos intenta hacer olvidar que esto se trata solamente de una «imitación» del dios.  La vida de hombre no debe ser solamente teórica, es decir que la palabra «sustancia» no puede ser el único sentido de la palabra «ser».

Para Aristóteles, al igual que con  Platón, la práctica de la virtud tiene que con­ducir a la felicidad, debido a que  la felicidad es aquello que se quiere más , no como un medio sino para algo mejor como un fin en sí mismo.

La felicidad no está  en la inmortalidad del alma, debido a que  lo único que puede ser inmortal o subsistente en el tiempo son las especies y los géneros. Es decir, la especie huma­na, no los individuos por que esta compuesta , sino en el bienestar con uno mis­mo y con las demás personas.

En esta manera de ver  la felicidad recae , sin duda, la vital  importan­cia que Aristóteles atribuye a los antiguos  ideales griegos : el de la autonomía y el de la autar­quía; es decir, del hombre que es libre para  poder reconducir su vida y que además , mismamente la justicia , la verdad, la amistad .

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