¿Cómo son las recepciones en casa del embajador?

/COMUNICAE/

«El negro Zumbón», una novela llena de ironía con la que el diplomático español Federico Palomera Güez aborda el complejo mundo de la diplomacia. Palomera ha presentado su primera novela tras el éxito de su libro de relatos «El cuaderno del pendolista»

Se acerca la navidad y con ellas las fiestas y reuniones familiares que suelen desbordar al anfitrión, pero…¿cómo es vivir así? La vida de un embajador desde dentro es el punto de partida de “El negro zumbón”, la primera novela del diplomático español Federico Palomera Güez (Madrid, 1951). Tras el éxito de su primer libro de relatos, “El cuaderno del pendolista”, Palomera –licenciado en Derecho- se lanza con “El negro Zumbón” (Karima Editora) una historia que repasa el mundo de los siglos XIX y XX.

Dos historias principales se entrelazan: la de un traductor que escribe la autobiografía de una bailarina que intenta aumentar sus ventas a través de escándalos mediáticos y una editorial, cuyo momento de evolución coincide con las prebendas del franquismo. El narrador, cuya identidad queda en misterio, aborda con gran ironía situaciones como los cócteles oficiales, la diferencia de rango de los políticos del Este en función de su proximidad a una bandeja de caviar, o cómo ha podido medirse el declive de la Unión Soviética viendo los eventos de sus embajadas. Una novela que han presentado los poetas Álvaro Hernando y Sara Castelar-Lorca y de la que han destacado el magistral uso de la ironía para abordar los procesos de las relaciones internacionales, del protocolo y del mundo diplomático.

El humor, la historia y la diplomacia se entremezclan en episodios como el que describe una recepción:“Si quiere salir incólume de este tipo de saraos, observe el color de la mantequilla: cuanto más pálida, más reciente, aunque siempre puede ser margarina…” o también establecer una relación entre la oferta alimentaria de los cócteles y la Historia Universal: “…La Historia del declive de la Unión Soviética podría estudiarse desde el punto de vista de la oferta de caviar en los cócteles (…) tras la Primavera de Praga, todo el sistema sufrió un cambio y pasó de la oferta a la demanda. Si hasta entonces las huevas de esturión habían estado a disposición del público, ahora había que solicitar el caviar, que estaba, en los cócteles, escondido tras dos fornidos sicarios del KGB (…) Tras la invasión de Afganistán disminuyó el número de sicarios, pero también el de huevas de esturión…”

Fuente Comunicae

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